Nacemos, posteamos y morimos

by cineversatil

Conocí a Charlee Espinosa en Feliza. Era una de las más calurosas noches de verano de 2018. Él, amenizaba un karaoke con sus movimientos, colorido y jocosidad. Tres elementos que, probablemente, posibilitaban una impronta del espectáculo: empalagoso e identitario o chocante y deconstructivo. Divirtiendo a un público de clase media, mayoritariamente joven y adulto joven, de la ciudad de Buenos Aires. No olvidaré su deslizar dentro de un carrito de supermercado indicando a las personas que abrieran espacio para llegar a la pequeña tarima del local y culminar su entrada triunfal con una pose-desfile. Pregunté a Juan José y a Rodrigo ¿quién era? Ellos me respondieron: “La Charlee, un personaje que viene del norte argentino, de Jujuy. Tenés que ver sus obras”.

Dos años después, tengo la oportunidad de acercarme a uno de sus textos teatrales presentados en formato cortometraje: Fucking Selfie, de la trilogía Proyecto Holodrama. Un híbrido, un pastiche, un collage. Uno de estos resultados de hacer teatro en cuarentena, que no es precisamente teatro streaming ni un registro de la obra teatral, sino -más exactamente- un cortometraje sobre acciones de personajes teatrales filmadas en solitario, unidas luego en edición como escenas y secuencias. A esto podría llamarlo corto-teatro. Corto porque conserva la edición y el metraje del audiovisual breve y Teatro porque la técnica actoral sigue plagada de códigos teatrales que podrían molestar a aquella persona que rechaza las expresiones muy marcadas ante la cámara.

En todo caso, Fucking Selfie, el corto-teatro, tiene muy claro el propósito. A través de la dramaturgia de cada artista pone a relieve un cuestionamiento a la selfi (autofoto) como versión actualizada del autorretrato que construye alter egos y nos hace presas fáciles de nuestras propias imágenes.

25 selfis probando la pose ideal, las otras van para una carpeta privada

Toda selfi tiene al menos dos posibilidades de poses. Una, se corresponde con la pose  consciente. Se cambia todo el lenguaje del cuerpo, la expresión del rostro, la ropa y la apariencia de los elementos contextuales. La persona controla la foto.  La otra, viene dada por el control que imponen los grupos sociales. Una maestra de chicos de primaria, muy probablemente, no se tomaría una selfi desnuda porque la comunidad educativa, los representantes y tutores, la sancionarían moralmente. Otro ejemplo lo constituye un activista por la diversidad sexual que pregona su amor por la desnudez, pero una selfi que muestre sus nalgas solo tiene cabida en las historias de Mejores Amigos de su cuenta instagram. Quiere seguir luciendo como serios y discretos. La maestra y el activista son controlados por elementos externos.

Selfi argentina, selfi deuda externa, selfi patacón, selfi indistinta, selfi sofisticada, empanada de selfi-criolla-frita explotada en grasas trans, selfi caliente, selfi hormonal, selfi peluda, selfi politizada, selfi en las marchas, selfi piquetera… la reina de la resistencia, activismo viral.

Puedo identificar un activista LGBT+ por una selfi que muestra su remera arcoíris y cuyo fondo es un grupo de personas militantes de una organización política. Son poses que desembocan en una especie de personal branding (marca personal) controlado por la propia persona y los grupos a los cuales pertenece. Infinidades de selfis cultivan la extimidad consciente o inconsciente. Una necesidad desmesurada por comunicarlo todo, por gritar lo que somos y no somos. ¿Todos y todas necesitamos saber que somos militantes y con quién comulgamos? ¿Todos y todas deben saber quiénes son nuestros novios o nuestras novias? ¿Todos y todas debemos enterarnos que fue lo último que comimos y dónde? Parece haber una conexión entre la extimidad y las identificaciones, es decir aquellos rasgos efímeros que aparentemente nos constituyen como grupos. Tengo mucha más fe en el carácter no efímero. Es decir, las identidades. Ellas van más allá de una selfi y no son una simple tendencia o trending. Tengo mayor fe en el activismo cotidiano y no en el activismo de sofá o el activismo viral.

Yo no soy tendencia, soy final abierto… tan abierto es el abismo

Hay algo en el texto de Charlee Espinosa que me recuerda tanto al autor de La cámara lúcida, Roland Barthes. Ese algo tiene que ver con el punctum (donde se centra la atención , algo meramente personal) y el studium (percepciones contextualizadas, culturales, obvias) que emanan de las diferentes lecturas de la foto, producto del flash que inmortalizó la imagen. Aunque estas ideas datan de 1977 y bastante se ha teorizado hasta el presente, es oportuno destacar que el esmero de la selfi no termina con la inmortalización sino con la posesión subrogada de una persona o cosa querida, para decirlo en palabras de Susan Sontag.

Solo me queda el flash al final del camino (…) Nacemos, posteamos y morimos… Morí en pantalla.

Por: José Alirio Peña Zerpa

La primera entrega de la trilogía de ficciones producidas en aislamiento.

“Amarás a tu SELFIE más que a vos misma mismo misme y cuando toda esta tragedia termine va a estar tu carita brillando en la oscuridad”

Protagonizan:

Pol Ajenjo

Anabel Fasanelli

Nadia Karenina

Camila Kyu

Leo Kildare Louback

Venus Mcqueen

Mística Omega

Rosario Sabarrena

Dixie Valentine

Sofía Walkman

Edición y Fotografía:

Ámbar Violeta para @espacioescaleraroja

Musicalización:

Alan Fabulous

Gráfica:

Guni Otero para @dichacotidiana

Producción:

Rosario Sabarrena

Dirección general:

Charlee Espinosa

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1 comment

Juan José octubre 15, 2020 - 10:27 pm

Sobre Fucking Selfie he tenido la oportunidad de conocer y verlos en escena a varias de las personas que estàn en esta obra y siempre es un placer verlos y disfrutar de sus talentos.
Sobre la nota, muchas personas nos hemos vuelto adictas a las selfis, desde lo personal hasta en el trabajo e incluso en el trabajo social que uno realiza.
Muchas personas realizan algùn trabajo solidario y tiene que estar presente la selfi demostrando lo que hacen, asi tambièn pasa en el activismo, esa necesidad de demostrar que uno es parte de algo sacàndose una selfi, pero siento que lo hacen simplemente por ego.
Una vez una persona me dijo, «el gordito que trabaja del lado de atràs»…al principio me molesto, pero despues dije, es verdad, siempre he trabajado sin darme a conocer y no lo necesito.
El mostrarse que uno trabaja sacàndose una selfi se ha vuelto una adicciòn, esa adicciòn que constantemente tiene que estar presente para decir «soy alguien».

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