El Príncipe: nuestro cine no es cine gay, es cine

by cineversatil

Muy lejos del ya superado cine gay triste (del joven y adulto sufriente), del victimismo social disfrazado de drama y de los cuerpos masculinos perfectos en oda pseudo -porno y clave video clip, aparece “El Príncipe. Filme ganador del Queer Lion Award en el marco del 76° Festival Internacional de Cine de Venecia (2019) y competidora en la Sección Horizontes Latinos en el 67° Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

Dirigido por Sebastián Muñoz e interpretado por Juan Carlos Maldonado (Jaime, El Príncipe), Alfredo Castro (El Potro), Gastón Pauls (Che Pibe), Lucas Balmaceda (Dany) y Cesare Serra (El Gitano). De Alfredo Castro recordarán, también, su protagonización en el largometraje venezolano “Desde allá”, dirigido por Lorenzo Vigas, acreedor del León de Oro en el 72° Festival Internacional de Cine de Venecia (2015).

Menciono dos festivales como dato curioso y no como base o punto de arranque para hacer una crítica cinematográfica, lo cual es un ejercicio que poco me interesa. Al mismo tiempo, recuerdo que subvalorar un jurado o atacar un festival de clase A, se constituye en mera masturbación de palabras de aquel que se autodenomina crítico de cine y que, irónicamente, lucha por figurar como programador en circuitos cercanos a los festivales de cine de clase A.

 

¿Qué quiero decir sobre El príncipe?

Que es un buen ejemplo para replantearnos el significado de “cine gay”, “cine lgbt” o “cine sobre diversidad sexual”. Y recuerdo cuatro trasnochadas discusiones. Primero, que la etiqueta cine gay no representa a todo el colectivo LGBTIQ+. Segundo, que no es necesario llamar gay a un cine donde los protagonistas son gais porque esa fórmula no aplica en el caso de los heterosexuales. Tercero, que la palabra gay es norteamericana y debemos leernos desde el Sur. Cuarto, que sí es necesaria la etiqueta para visibilizar y acabar con ciertos clósets del marketing en este tipo de películas.

Que El Príncipe haya obtenido el Queer Lion Award ya es una etiqueta. Que su director mencione abiertamente la palabra homosexualidad en las entrevistas, pareciera reforzar esta idea. Algunos, seguramente, saltarán a argumentar que no debe usarse esa palabra que está asociada a un origen patológico. Yo creo que Muñoz usa el término preciso para una película contextualizada en los 70’s.

 

Etiquetas vs. identidades

El asunto es la interpretación tan temida que le otorgamos al concepto “etiqueta”. Se reitera en los movimientos activistas sobre la diversidad sexual y de género el “no a las etiquetas” y paralelamente han surgido: no binaries, arromantiques, bi- arromantiques, marrones, marique, putx, marica amazónica, cabra militante… Es una catarata de etiquetas que cada uno reclama como identidades bien delimitadas, pero más bien son permeables, maleables, convergentes, divergentes y cambiantes. Creíamos que era sencillo discutir sobre el uso apropiado, o no, de “cine gay” o “cine LGBTIQ” y resulta que no puede ser resuelto sin una claridad en la posición epistemológica, que no es única. Es diversa.

El Príncipe se sitúa en un contexto preciso (años 70´s), producido en un contexto contemporáneo (2018) y leído desde el contexto que siempre clama el cine sobre personajes gais en Latinoamérica: naturalidad en otras formas de amar-odiar, desnudos de cuerpos masculinos promedios e imperfecciones como dimensión del ser-humano. Entonces, El Príncipe nos recuerda, de nuevo, algo que ya sabemos: el tema no es ser gay y nuestro cine no es cine gay, es cine.

 

Una película de Sebastián Muñoz Costa del Río
Guion: Luis Barrales y Sebastián Muñoz
Con:
Juan Carlos Maldonado, Alfredo Castro, Cesare Serra, Gastón Pauls,
Lucas Balmaceda, Sebastián Ayala, José Antonio Raffo
Producida por:
Marianne Mayer- Beckh, Roberto Doveris, Nicolás Grosso,
Federico Sande Novo, Griselda Gonzáles, Mark Rees
Género: Drama
Idioma: Castellano
Duración: 96 minutes
Format0: 4K Digital 5.1
Sinopsis: Chile, justo antes que Allende asuma la presidencia; Jaime, un veinteañero solitario y narcisista, acuchilla a su mejor amigo llamado El Gitano en un aparente arrebato pasional. Condenado a prisión conoce a El Potro, un hombre mayor y respetado, a quien se le acerca develando una profunda necesidad de cariño y revelando, a la vez, su feroz deseo de reconocimiento. Juntos establecen una estrecha relación de «amor negro», como le llaman en la cárcel, lo que le permitirá a Jaime, ahora El Príncipe, descubrir los afectos y lealtades enfrentando al mismo tiempo las luchas de poder tras las rejas.

 

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